jueves, 23 de abril de 2015

Cerrado por...


Hace tiempo que no paso por aquí. Y es que no voy a volver.

Mi vida ha dado un giro, mis deseos, mis pasiones, palpitan en otros mundos.

Dejaré este blog por si algo de lo que alguna vez he escrito, dicho o contado le sirve a alguien para algo. A mí me sirvió tanto poder escribir y contaros cosas, me gustó tanto esta parte de mí, de mi vida, que me gusta pensar que otras personas también van a disfrutar leyendo tanto como yo disfruté mientras aprendía.


Si queréis saber de mí, siempre podréis encontrarme en Tierra Roja, el lugar donde florezco.
Y si queréis saber qué hago ahora, podéis leerme en Versos Como Escarpias.

Hasta siempre...

Nuria.



martes, 14 de octubre de 2014

Los brazos vacíos o los límites del cielo.

Este testimonio está escrito para Vínculo Apoyo Posparto. Pero esta página, tal como fue concebida, va a desaparecer próximamente, así que como no quiero perder este homenaje a mi bebé estrella, me lo traigo para aquí.

“Tenía tanto que darte, tantas cosas que contarte,
tenía tanto amor, guardado para ti.
Tenía tanto que a veces maldigo mi suerte;
a veces la maldigo por no seguir contigo.”
Mai Meneses
Tenía una enfermedad incompatible con la vida. Así que, simplemente, no fue. No estuvo. No llegó. Mi embarazo duró 22 semanas. Un aborto “voluntario” se lo llevó de mi lado. Un aborto brutal por lo precipitado, poco informado, poco respetado, mal atendido y mal digerido. Aunque me pregunto si es posible digerir bien algo así.
Después de estar ingresada una semana en lugar de los dos días que me habían pronosticado, volví a mi casa, a mi rutina, a mi vida con mi familia. No trabajaba entonces, pero tampoco me tomé unos días de descanso para mí, para lo que quedaba de mi familia, para reconstruir el espacio vacío que eran mi vientre, mis brazos, mi hueco en el pensamiento y en el corazón.
Así que seguí adelante con todo. Recogí los pedazos de mí que quedaban y los cosí como si nada hubiese pasado. Me maquillé y miré al frente. Quité la ropa de embarazada del armario, guardé en una caja el único pelele que tenía y los dos pares de patucos. El diario que había empezado y todas las ecografías y pruebas que tenía hasta ese momento. Y la guardé en un lugar del armario donde no era fácil llegar. Me peiné y salí al mundo. Guardé mi pena para mí. Sólo para mí. Ni siquiera la compartí con mi familia, con mi pareja… mi hija de 3 años sentía y sentía que mamá estaba lejos, y se negaba a dejarme a solas. Pero yo seguí sin compartir nada con nadie más que conmigo misma.
Poco a poco, pero muy poco a poco, fui encontrando algunas palabras. Algunas personas con las que compartir. Algunos momentos para derrumbarme. Pero sé que aún queda mucho camino por recorrer. Queda mucho que contar, mucho que abrir y sangrar y llorar y tal vez no se termine nunca, porque aunque a veces parece que el dolor es menos, parece como que no se nota, o que me acuerdo menos… no es verdad. En realidad es que la vida crece alrededor del dolor y de su recuerdo… es como la sal en el agua… a mayor cantidad de agua, más disuelta, pero la cantidad de sal siempre es la misma. Y yo creo que es así… que simplemente hay más cosas que hacer, que pensar, que vivir… pero no por eso la sensación es menor. Por eso cuando le recuerdo lloro hoy con la misma intensidad que entonces, cuando pienso en que hoy tendría casi 4 años me abruma la certeza de que nunca le voy a ver, nunca le voy a tocar, nunca le voy a conocer. Soy la mamá de un niño que nunca será, del que no sé nada más que su nombre y del que no tengo nada más que el recuerdo de la sensación de sus pies contra mi vientre. Y aceptarlo no implica que deje de doler.
Tengo los brazos vacíos desde entonces… por muchos bebés que abrace, por muchos hijos que tenga, siempre habrá un espacio que no se llenará. Y he descubierto que la astronomía está equivocada. El cielo tiene límites. En algún lugar del universo hay un bebé al que yo no alcanzo a tocar.

Movimientos sísmicos

Este testimonio está escrito para Vínculo Apoyo Posparto. Pero esta página, tal como fue concebida, va a desaparecer próximamente, así que como no quiero perder este homenaje a mi pequeño gran maestro, me lo traigo para aquí.


Casi dos años antes habíamos perdido un embarazo en estado avanzado. Cuando él llegó, cuando nos enteramos de que estaba embarazada otra vez, lo único que buscaba era confiar en que todo saldría bien. No quise realizar amniocentesis ni biopsia de corion. Cambié de ginecólogo porque el que tenía no confiaba en mi bebé. Y yo quería creer. Quería confiar. Sobre todas las cosas quería volver a sentirme invencible, como en el embarazo de mi primera hija… pero si algo me dejó perder un bebé es la sensación de vulnerabilidad… de que no sólo en la vida pasaban cosas… sino que, a veces, alguna, podía tocarme a mí también.
Así que enfoqué este embarazo como un reto para volver a sentirme bien. Pero siempre había algo que no me dejaba. Encontrar un lugar para parir en condiciones… decidir que no pariría en casa aunque no a todo el mundo le parecía bien… una pérdida de líquido fantasma en la semana 23… que si está bien colocado… que no me aceptan en el hospital que yo quiero… que sí… Hasta un mes antes de dar a luz no sabía dónde ni con quién pariría… Al final conseguí, por insistente, que me dejaran hacerlo donde quería. Un pequeño hospital comarcal con un protocolo de partos impecable.
Y llegó el día. El parto fue maravilloso. Corto e intensísimo. Apenas 3 horas desde la primera contracción hasta que le tenía en mis brazos. Cuarenta minutos desde que entré al hospital hasta que le abracé. No hubo intervenciones… ni innecesarias ni necesarias. Nació decidido, con fuerza.
Pero también nació enfadado. Nació con el ceño fruncido y llorando a todo pulmón. Empezó a mamar 5 minutos después y a las dos horas yo tenía los pezones ensangrentados. A partir de ahí empezamos un proceso bastante complejo con la lactancia… perdió algo de peso los primeros días y en el hospital en el que estábamos el equipo de pediatría no nos dio tregua… en lugar de apoyarnos y darnos tiempo y tranquilidad, nos atosigaron con relojes, pesos, sacaleches, biberones y amenazas.
Salimos de allí a los 3 días con el peso estabilizado, pero con los pezones destrozados y la confianza en mí misma y en mi capacidad para alimentar a mi bebé aniquilada. Y otra cosa más. Hasta que le tuve conmigo, hasta varios días después de verle, de tenerle y abrazarle, no fui consciente del miedo que había pasado durante el embarazo. Del pánico mudo que me había atenazado y que en realidad era lo que me había impedido, por mucho que yo quisiera, creer de verdad en él, en nosotros, en que todo iría bien. Nació enfadado y yo estaba triste.
Me pasé las primeras semanas llorando a su hermano que no había llegado a venir. Y él seguía enfadado. Y yo, triste, asustada y desconectada. Sólo la teta nos permitía seguir pegados día y noche. Esa teta que él no soltaba a sol ni a sombra. Ni de mañana ni de tarde. Mamaba todo el día. Mamaba un minuto y descansaba dos. Mamaba tres minutos y descansaba uno. De noche dormía media hora, en mis brazos, sobre mi pecho, y mamaba 5 horas seguidas. Así durante semanas que me parecieron interminables. Durante semanas en que  no me moví del sofá del salón. En el que toda mi vida se detuvo (esta vez sí) porque él estaba enfadado. Porque él reclamaba un sitio que yo no le estaba ofreciendo. Porque él quería que su mamá le mirase y yo sólo pensaba en que ahora tendríamos que ser uno más y no lo éramos. Bendita lactancia dolorosa, benditos pezones ensangrentados, bendita “alta demanda” que permitió que un día, no sé bien cómo aún, un terremoto me sacudiese de arriba abajo y me permitiese por fin mirar a ese bebé, relajarme, confiar en mí y, sobre todo, confiar en él…

miércoles, 8 de octubre de 2014

Incoherencia

Este texto fue escrito para Tierra Roja



Siempre he tenido miedo a ser incoherente. A quedar mal. A decir una cosa y hacer otra. A decir una cosa hoy y otra diferente mañana. A que me gustara una cosa un día y la contraria al día siguiente. 

Y de repente me he dado cuenta de que me estaba convirtiendo en una persona rígida, conmigo y con los demás. Que el miedo a no ser coherente con lo dicho o expuesto me estaba cortando las alas, las manos y la lengua. Que a veces he seguido defendiendo cosas que ya no me definían, o haciendo cosas que ya no quería hacer por el simple hecho de no desdecirme. Muy coherente todo, sí. (!!!)

Así que he decidido que la coherencia es maravillosa. Pero sólo aquélla que tenga que ver con lo que siento en cada momento y lugar. Que no tiene que ser lo mismo que sentía ayer ni lo que voy a sentir cuando no esté ya aquí. Que soltarse la melena, los dedos y la bocaza no está mal. Que pensar diferente a mí misma cuando era otra no puede ser malo. Y pensar diferente a otros y otras mucho menos. 

Seguiré  huyendo de la incoherencia. Pero sólo buscaré coherencia entre lo que hago, digo, pienso y siento hoy, en este mismo instante. Y ya sólo tendré miedo a convertirme en piedra.

lunes, 4 de agosto de 2014

¿Qué es acompañar?

Voy a volver a sacar el tema, ahora que parece que todo el mundo se pelea por ver quién tiene más derecho a utilizar la palabra “acompañar”, y es que de verdad que creo que no se entiende.

Acompañar a alguien no es hacer lo que uno hace y además estar pendiente de otro. Eso es hacer tu trabajo bien, pensando en los demás.

Acompañar tampoco es estar al lado de la otra persona mirando si se encuentra bien y ayudándole a sentirse mejor. Eso es hacer compañía y mitigar la soledad.

Tampoco se trata de encontrar el mejor camino para ir juntos a ninguna parte. Eso es ser una guía.

Ni aconsejar u orientar sobre las mejores opciones para su caso concreto o para todos los casos en general. Eso es ser un consejero, un orientador, un asesor… alguien que sabe más que el otro y le ayuda.

Por supuesto, acompañar no es educar a otra persona, ni cribar la información que creemos que le puede servir, ni explicarle qué es lo mejor o lo peor que puede pasarle según sus decisiones. Eso es ser un educador o un profesor.

Tampoco, válgame el cielo, es controlar si un proceso se está desarrollando adecuadamente, independientemente de que al final sea necesaria o no una intervención. Eso es mirar atentamente, verificar y cuestionarse en todo momento si lo que está ocurriendo es lo óptimo.

Todas estas cuestiones que he mencionado son importantísimas, y necesarias. Son las que los profesionales de la sanidad no pueden obviar bajo ningún concepto. Son las que definen y hacen a un buen profesional. El que está pendiente del otro, el que hace compañía, guía, orienta, ayuda, asesora, educa, controla que todo suceda de la mejor manera posible.


Pero volvamos al principio… ¿por qué todo esto no es acompañar? Porque acompañar es no hacer nada. No tomar decisiones. No decir si está bien o mal el camino decidido por nadie. No advertirle a una mujer que tal o cual proceso o intervención puede tener ciertas consecuencias. No dar por sentado que una mujer no tiene información ante determinadas decisiones. Acompañar es ir a donde el otro va sin cuestionar, controlar, observar, guiar, orientar ni educar. Acompañar es ir con el otro independientemente de si hace el camino más largo, o lo repite tres veces… o incluso si, desde nuestra óptica, es equivocado. Acompañar es estar sin más. Sin ningún tipo de objetivo. Repito: sin ningún tipo de objetivo. En el momento en que mi objetivo es que un parto sea más corto, más largo, más intenso, más suave, más mamífero, menos intervenido, mejor vivido, mejor vivenciado… que la mujer se empodere, se conciencie, viva su maternidad de esta u otra manera… en el mismo momento en que vigilo que todo vaya bien, que la madre, el bebé, el padre y el entorno se encuentren perfectamente… en ese mismo momento, dejo de acompañar. Y eso, en sí, no es malo. No es mejor ni peor. Es otra cosa. Por eso muchas mujeres, además, ADEMÁS, de un sanitario, quieren alguien que las acompañe, y sólo las acompañe durante su maternidad. Y sí, lo puede hacer cualquiera, sea sanitario o no, siempre que ese alguien comprenda en profundidad qué es lo que tiene entre manos, y que entienda la delgada línea que separa el acompañamiento de cualquier otro proceso… 

lunes, 21 de julio de 2014

No sé quién soy.

Así estoy. Sin saber quién soy. Miro a mi alrededor y ya no me encuentro. Se me caen las etiquetas que un día me dieron nombre. Se me caen los trajes que un día me dieron forma.

Yo sé lo que hago. Yo acompaño. Acompaño mujeres. Acompaño madres. Acompaño familias. Acompaño a mujeres en sus procesos formativos (eso de ser maestra de unas alumnas no me gusta nada de nada). Acompaño a mi familia, a mis hijos e hija, en su crecimiento. Acompaño a mi pareja. Me acompaño a mí. Cada vez más, en la vida, encuentro que lo único que me da sentido es acompañar.

Y qué es acompañar? Acompañar es estar al lado de otra persona y dejarle ser. Acompañar es apartarse del camino de esa otra persona para dejarle ser. Acompañar es ir a donde esa persona va, aunque no nos guste ni el trayecto ni el lugar al que nos dirigimos. Acompañar es aceptar que la otra persona hace elecciones y toma decisiones que yo no tomaría. Acompañar es ver con los ojos asombrados cómo otras mujeres, familias, hijos nuestros o ajenos, hacen su vida y se equivocan o no, pero andan, sin que nadie les diga por dónde. Acompañar es confiar. Es abrir puertas. Es dar libertad. Es dejar crecer. Es respetar. Sin hacer nada. Ni ayudar. Ni tirar. Ni orientar. Ni convencer. Ni juzgar. Ni tener miedo. Ni mirar para otro lado. Ni pensar una cosa y callársela. Ni pensar que el otro ya llegará a donde estoy yo. Ni mirar condescendiente. No no no.

A esto me refiero cuando hablo de acompañar. Y sé que con mayor o menor acierto es lo que hago y me gusta hacer. No soy perfecta. No siempre sé mirar desde la barrera cómo alguien se tropieza. No siempre me acuerdo de morderme la lengua cuando veo que uno de mis hijos se va a dar un tortazo. Pero lo intento. A eso me dedico. A intentar ser cada día mejor acompañante. De todas y cada una de las personas con las que me cruzo en la vida. Respetar sus caminos. Mirarlos y aprender de ellos (de los caminos) y de ellas (de las personas).

Durante mucho tiempo pensé que eso lo podía hacer desde mi etiqueta de doula. Hoy, perdida, siento que ya no. Siento que no quiero pelear. Que yo no me identifico con la mayoría de las doulas de este país. Con otras sí, pero somos taaan pocas. Que ser doula me lleva a una guerra constante, y nada más alejado de lo que creo que debería hacer una doula, y de lo que quiero hacer yo. Yo no quiero estar defendiéndome de los ataques de otro colectivo, ni estar poniendo diques a mi propio colectivo porque no me siento a gusto con él. En medio de todo esto, pierdo el norte, el sur… lo pierdo todo. Me pierdo a mí misma e intento volver a encontrarme.


Yo sé lo que quiero hacer. Sé con quién lo quiero hacer. Sé que no lo quiero hacer contra nadie. Lo que no sé es si eso tiene nombre. Así que quedo en el verbo: acompañar. 


martes, 25 de febrero de 2014

Raíces.

Este año parece ser mi particular año de cambios. Cerrar y cerrar puertas. Abrir y abrir ventanas. Salir de espacios conocidos, de lugares en los que llevaba tiempo acomodada y calentita, para aventurarme y embarcarme en nuevos proyectos, nuevas aventuras… más allá de lo que hasta ahora era mi casa y mi terreno propio.

Este año parece que todos los lugares de los que me he sentido parte de repente se me han hecho extraños, y mi energía ha ido volcándose en otras direcciones.

E irremediablemente, nuevas travesías implican nuevos rumbos, nuevas brújulas y nuevas compañías. Y este año a mí me ha llevado a dar la mano a dos mujeres increíbles, con un sueño maravilloso entre las manos, y con quienes espero poder viajar mucho, mucho tiempo.

Este año, hundo mis raíces en Tierra Roja, donde acompañaré a Laura Rodríguez Sayd y a Teresa Muñoz Guerra en varias e interesantes propuestas que espero os sean tan, tan apetecibles como a mí me está siendo empezar a andar de su mano.


lunes, 23 de septiembre de 2013

La información y la culpa

Leo y escucho a mujeres lamentarse de no haberse informado lo suficiente y haber tenido, en consecuencia, malas experiencias en sus partos, lactancias, puerperios, crianzas…

Leo y escucho a otras personas excusar de alguna manera un mal parto, una lactancia difícil o inexistente, una desconexión con los bebés y las criaturas en la falta de información de una madre.

Y no… no es así. La información está ahí, y debería enriquecer cualquier experiencia, tanto de maternidad o paternidad, como en la vida en general. La información sobre el proceso de embarazo, sobre el parto y la lactancia o sobre crianza y educación es algo que deberíamos hacer las mujeres por el mero placer de leer y aprender sobre aquello que nos tiene ocupados el tiempo y el alma, pero no por obligación, no para saltar la valla de la desconfianza en aquéllas personas que deberían hacernos confiar.

Pero lo que ocurre es que se pretende (y en muchas ocasiones se consigue) hacernos sentir responsables de que las cosas no hayan ido mejor. Y  pretender hacernos culpables a las mujeres de lo que les pasa a nuestros cuerpos, y peor aún, de lo que les pasa a nuestros hijos e hijas, cuando lo que falla de una manera atroz es el sistema sanitario, apoyado y avalado por un sistema social que ha asumido como propios el abuso, la violencia, la falta de respeto, la falta de actualización del personal médico-sanitario, entre otras cuestiones,  es una de las peores maneras de maltrato posible. Porque asumirnos culpables nos incapacita para reaccionar, nos incapacita para reclamar y para pedir no sólo explicaciones, sino también cambios. Nos deja desencajadas y desconectadas de nuestra fuerza, porque nos hacen creer que el no haberla ejercido nos ha hecho perderla. Y sobre todo, sigue quitándole la responsabilidad a quienes realmente la tienen y favoreciendo el que las prácticas que nos dañan se perpetúen. Ninguna mujer, informada o no, debería ser atendida por un sistema sanitario que no conoce ni quiere conocer las necesidades reales de las mujeres y sus hijos e hijas durante la gestación, el nacimiento y el desarrollo posterior. Ninguna mujer debería tener más y mejores derechos por el simple hecho de saber leer o haber leído los documentos adecuados.


No. Ninguna mujer debería sentirse rota, descontenta y culpable en su maternidad.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Ando yo estos días...

Ando yo estos días con ganas de desnudarme. Con ganas de mostrar las cosas buenas que me trae la vida, pero también de ventilar heridas, miserias y cicatrices. Y es que no soy perfecta. No lo soy aunque quiera. No lo soy aunque duela. Y duele. Anda que no duele.

Ando yo estos días buscándome. Dando vueltas como un perro antes de tumbarse, olisqueándome y buscándome el rabo. Y sin encontrarme… ni a mí ni al rabo. Y sé que estoy, en alguna parte debo estar, pero no doy conmigo.

Ando yo estos días cavilando sobre la maternidad. Pero esta vez no la de las mayúsculas, sino la pequeñita, la de cada día, la mía y nada más que la mía. Me veo en mis cachorros, me muestran como un espejo y a veces me gusto pero otras no me gusta lo que veo, por eso me busco, por eso intento saber dónde me he dejado, dónde me he quedado.

Criar a tres no es fácil. Bueno, ni a dos, ni a uno… pero a cada elemento que sumamos se complica la ecuación. Matemática pura. Hace unos días, no muchos, no os vayáis a pensar, caí en la cuenta de que tengo menos brazos que hijos; y eso así, tan de Perogrullo, me hizo dar un brinco. No me llegan los brazos. Ni los ojos. Ni las orejas. Ni las manos. Menos mal que el corazón no sabe matemáticas, porque es el único que se me amolda y se me multiplica y se me crece; es el único que, cuando los brazos no llegan, se me sale del pecho para darle caricias al que le toque.

Pero criar a tres es la monda. Es divertido. Es loco. Es desordenado. Es despeinado. Es improvisado. Aunque tras cada diversión, locura, desorden, despeine o improvisación, esta perpetua controladora que soy se lo mire y lo remire todo, lo analice vuelta y vuelta y otra vuelta más para intentar hacerlo mejor.  Porque criar (a tres, a cuatro, a uno… ¿qué más da?) te da la vuelta de adentro hacia afuera como un calcetín, deja a la vista todo lo que te gusta y lo que no te gusta de ti misma para que tus hijos e hijas lo vean y, lo peor de todo, lo señalen. Y yo sé que dentro de mi calcetín conviven una madre amorosa, paciente y divertida con un monstruo de 7 cabezas que a veces se lo come todo, incluído el calcetín…

Criar es un maravilloso ejercicio de humildad. Si te dejas tocar por esas pequeñísimas manos y sus enormes corazones, y te dejas enseñar, y te quedas a mirar al monstruo hasta entenderlo y perdonarlo… Yo espero que un día se vaya, que un día recoja sus bártulos y sus pelusas de dentro de mi calcetín y no vuelva; pero mientras tanto, intento domesticarlo.


Decía que ando yo con ganas de desnudarme… y me he sacado hasta los calcetines. 

jueves, 30 de mayo de 2013

Semana Mundial del Parto Respetado 2013

Texto escrito para Crianza Natural.
Esta semana celebramos la Semana Mundial por el Parto Respetado. Y me paro a pensar en el sentido de estas palabras... ¿tendrán el mismo significado para todas las personas que la celebramos? ¿buscaremos todas lo mismo cuando hablamos de Parto Respetado? ¿Qué es, para mí, un parto respetado?

Me doy cuenta de que a lo largo de los años yo misma he ido cambiando alrededor de este concepto. Hace años, cuando decía parto respetado quería decir parto natural. Más tarde empecé a darme cuenta de que "parto natural" era una expresión vacía, una expresión que nos confundía y aún nos confunde, que en muchas ocasiones se confunde natural con vaginal, por muy poco de respetado o por mucho de intervenido que tenga el parto.

Así que empecé a identificar parto respetado con parto fisiológico. Un parto sin intervenciones, un parto en el que nadie hiciese nada que la mujer no necesitase y en el que se dejase a la mujer en paz, con sus tiempos y sus ritmos. A la madre y al bebé. Y entonces me dí cuenta de que muchos partos dejan de ser respetuosos ahí mismo, en cuanto el bebé llega. Parece que el miedo y la prisa nos atenazan y el bebé ya no es digno de ser respetado.


Por eso ahora, para mí, un parto respetado es aquél en el que tanto la madre como el bebé son mirados como personas con plenos derechos. Las necesidades fisicas y emocionales de ambos, conocidas por quienes les atienden; sus cuerpos y sus sentimientos cuidados con mimo, sus tiempos, lentos o no, esperados y aceptados, sus miedos, sus voces, sus gritos y silencios, entendidos y atendidos. Un parto respetado es aquél en que los protagonistas son, precisamente, madre y bebé... la una pariendo, el otro naciendo... y todos los demás sólo figurantes.

domingo, 28 de abril de 2013

La Maternidad Acompañada

Ya está aquí... tanto tiempo esperando, tanto tiempo anhelándolo, y ya ha visto la luz.

Mi primer libro... escrito, como no podía ser de otra forma, a cuatro manos junto a Susana Prieto, amiga, compañera a lo largo ya de tanta vida que es imposible saber a veces qué pienso yo y qué piensa ella, qué escribo yo, qué escribe ella.

Hace años que rumiamos este libro... hace años que escribimos de a poco, párrafos cortos, párrafos largos... capítulos que se escribían y se desescribían solos... Y ahora ya es real. Ya existe. 

Y estoy agotada... agotada de felicidad, de recibir enhorabuenas... asustada ante las expectativas, sabiendo que está escrito con el corazón en la mano, desde la sinceridad más absoluta con lo que creemos, pensamos y sentimos, con lo que hacemos cada día. 

Tan sólo espero que os sea tan grato leerlo como para nosotras lo ha sido escribirlo.


miércoles, 3 de abril de 2013

Bienvenid@ al mundo de las Mujeres Bellota


Hoy he recibido por fin mi libro "Mujeres Bellota" de la mano de su autora, mi amiga Eva Alfonso. 

No sé cómo haceros llegar la magia, el cariño, la fuerza y la sensibilidad que este libro, con sus dibujos y sus textos, transmite... cómo cada detalle está cuidado al máximo... cuánto de Eva hay en cada página. 

Yo tengo ya mi libro y mi taza, desde hoy, mi taza preferida. Voy a disfrutar de uno y otra, puede que hasta a la vez.

Os invito a conocer el libro, a conocer a Eva, y a saborearlo todo. Os aseguro que será un placer.



viernes, 22 de marzo de 2013

Semana Mundial de la Doula



Dicen que hoy empieza la Semana Mundial de la Doula. Y yo, que me siento doula cada día, no sé muy bien qué hacer con esta celebración. Podría enumerar los muchísimos beneficios que supone, para una mujer que elige que una doula la acompañe, nuestra presencia. Podría enumerar estudios y artículos y asociaciones internacionales que nos avalan y nos dan soporte… o también dedicarme a desdecir a quienes nos critican y nos cuestionan… pero en realidad prefiero hablar de lo mucho que he aprendido y aprendo desarrollando esta profesión… 

He aprendido y aprendo sobre ciertos aspectos y procesos del cuerpo de las mujeres y, por eso, también aprendo a conocer mi cuerpo, a entender las cosas que le suceden y que me afectan, las cosas que mi cuerpo desea cuando yo no entiendo…

He aprendido y aprendo sobre las emociones que rodean la maternidad, y por ello, sobre las emociones que afectan a las mujeres a quienes acompaño, pero sobre todo, sobre  las emociones con las que yo me he enfrentado y me enfrento en mis maternidades, en mis embarazos y partos, en mis crianzas y puerperios, en mi vida de cada día.

He aprendido y aprendo sobre la importancia del instinto, de esa vocecita que te dice lo que es correcto y no lo es aun cuando no hay razones objetivas ni para lo uno ni para lo otro. Les hablo a las mujeres de lo importante que es darle espacio para que se manifieste, y lo liberador que resulta seguirlo. Y me aplico el cuento, aun cuando a veces mil consejos y tradiciones, familiares y sociales, me hacen dudar hasta de mí misma.

He aprendido y aprendo que las mujeres necesitamos a otras mujeres cerca. Que ser parte de una red de mujeres en la que sentirse a la vez acompañante y acompañada no es un lujo, sino una necesidad y una oportunidad para crecer, como madre, como mujer y como profesional.

En realidad, he obtenido y obtengo, de este trabajo, mucho más de lo que doy, muchísimo más de lo que entrego. Ha sido, y es, un regalo cada acompañamiento, cada parto, cada nacimiento, cada llanto de dolor o de alegría, cada momento pasado al lado de una mujer, de su bebé o de su familia...

He aprendido y aprendo que es un maravilloso trabajo este que me permite crecer tanto. 

Feliz Semana de la Doula…

miércoles, 27 de febrero de 2013

Me han dado un premio...



Me han dado un premio… La verdad es que no lo esperaba, pero también es verdad que me ha gustado… ¿para qué negarlo? Porque al fin y al cabo, escribo (poco, es verdad) para que me lean, para que a alguien le resuene lo que digo y pienso.


Así que, ante todo, mi agradecimiento a Mamá Golondrina, no sólo por el premio, sino por leerme y compartirme.

Y resulta que ahora tengo que dar premios yo. Y me va a ser difícil, porque hay mucho y bueno en la red, pero cuando quieres elegir nunca sabes por dónde empezar, y cuando te decides y eliges, siempre te das cuenta de que te has olvidado de alguien… Pero en fin… me toca elegir, así que empiezo. Todos los blogs que voy a mencionar son blogs escritos por mujeres que me enseñan cosas cada día. Mujeres, madres, profesionales y, sobre todo, todas ellas, amigas. Unas, amigas con las que hablo a diario; otras, amigas a las que veo cada cierto tiempo y nunca parece haber pasado el tiempo y algunas, amigas de esas que no ves jamás, pero que cuando ves, un abrazo hondo y profundo sustituye a las mil historias que nunca tendríamos el tiempo de contar para ponernos al día… A todas ellas, gracias por acompañarme y hacerme mejor persona cada día.

Jesusa Ricoy Olariaga: Jesusa es matriactivista. Todo lo demás que ella hace se podría englobar dentro de esa palabra. Bueno, todo menos el hecho de que es una gran amiga y compañera, con la que es fácil soñar y luego darles forma a los sueños.

Papá Conejo-Mamá Piojo: El blog de Claudia Pariente, amiga, compañera, periodista, escritora, doula… Dudo que no conozcáis este blog, pero si es así, ya estáis tardando.

Ibone Olza: El blog de Ibone es imperdible. ¿Por qué? Porque Ibone escribe con naturalidad y sin rodeos pero sin perder jamás un ápice de profesionalidad. Es médico psiquiatra, y dice verdades como puños. 

El bosque de Gulubú: Paula y yo somos amigas desde hace mucho… muchísimo. Antes de ser madres las dos ya teníamos mucho en común… después, cada vez más. Es una de esas mujeres mágicas a la que quisiera poder abrazar mucho más a menudo… pero por ahora no me queda más que seguir leyéndola y enterándome de cómo va su proyecto, su maravilloso proyecto, a través de este blog, su maravilloso blog.

Asociación Española de Doulas: La AED acaba de nacer. Y tengo el honor de haber trabajado en su fundación. Es un blog que está naciendo, pero creo tanto, tanto en este proyecto que desde aquí os animo a seguirnos.

El Parto Es Nuestro: No tengo palabras para agradecer a mis compañeras y amigas de asociación la fantástica tarea que hacen con este blog. Más allá del trabajo que cada día nos ocupa, mantener este espacio al día, con entradas siempre de actualidad, con sus cientos de comentarios, es impagable. Si quieres saber lo que tienes que saber sobre embarazo, parto y posparto, debes conocer este sitio.

La casita de Aroa: El blog de Anuska. Una mujer con una sensibilidad y humildad exquisitas. Una de esas personas que vale la pena conocer y, por supuesto, leer.

ConsultaLactancia: Patricia López-Izquierdo es una de las mujeres que más sabe sobre lactancia en este país. Leer lo que escribe, hacerle preguntas, consultarle dudas, es siempre mágico, siempre aprendes de ella algo que no sabías. De verdad, no dejéis de leer su blog.

Luna de Brigantia: Marta Bernárdez no es sólo mi amiga. Es MI matrona. La matrona que me acompañó en el nacimiento de mi tercer hijo. Para mí, una persona que es capaz de encontrar el equilibrio perfecto entre la confianza y la prudencia. Una persona de esas que vale la pena tener cerca.

A familia dos Tartarouchos: Un blog con unas fotos de alucine, pero sobre todo, con una familia alucinante delante y detrás de la cámara. 

Dolce Far Niente: La vida de Lady Vaga, la Diva que divaga. Desde luego, en estos nuestros temas estrella, el blog más ácido y divertido que me he echado a la cara. Para no perderse ni una entrada.

Naturgalicia: El blog de Verónica Galluscio Arnal. Un lugar increíble en el que encontrar múltiples hilitos de los que tirar para crecer como personas y madres.

Marsupina, mamá canguro: Sol es una de esas mujeres a las que, el día que abrace, no sé si voy a poder soltar. Tiene un blog precioso, pero sobre todo, es una mujer bella por dentro y por fuera, con las ideas muy claras sobre crianza respetuosa.

ALMA, Apoio á Lactación Materna: Alma es una asociación de apoyo a la lactancia materna de A Coruña. Lo llevan unas mujeres increíbles, con una formación impecable y una dedicación incansable. Desde luego, un lugar al que ir si te interesan la lactancia materna y la maternidad en general. 

De Cangrejos y Ermitaños: Marta es una valiente. Bueno, Marta y su familia son unos valientes. Leer su día a día quita complejos, da esperanzas y, sobre todo, sirve de ejemplo de cómo vivir la vida consciente y consecuentemente.

Y hasta aquí han llegado los premios. Me ha costado una semana elegir los blogs y hablar sobre ellos. Ahora os toca a vosotras, a las premiadas, seguir con esto si queréis. Ya sabéis… contar un poquito de vosotras y otorgar otros 15 premios. Casi ná…