viernes, 20 de noviembre de 2009

Una epidural llamada doula. El País.

Reportaje sobre el papel de las doulas aparecido en El País.

Una epidural llamada doula. Por Fani Losada.

"A mí se me dio la vuelta todo. No fue malo, pero sí distinto de como me esperaba. Después tuve que buscarme, encontrarme y hacerme amiga de mí misma otra vez". Así recuerda Nuria Otero su primer embarazo, que despertó en ella el interés por la que ahora es su profesión. Nuria es una de las cuatro doulas que ejercen en Galicia, cuatro mujeres que acompañan a otras durante el embarazo, el parto y el puerperio dándoles consejo y, sobre todo, apoyo.

Cuando es necesario, también ayudan a afrontar sentimientos y sensaciones de las que se habla menos o que no están bien vistas socialmente, como la depresión posparto o la ansiedad que provocan los problemas de lactancia. Ante estas dificultades, la respuesta inmediata suele ser tapar los síntomas a golpe de pastillas y leche en polvo. Nuria se pone como ejemplo y confiesa lo importante que fue para ella saber que "no era ni una loca ni una marciana". "Lo que me pasaba y lo que sentía era normal", dice.

En este sentido, la influencia de la doula se nota más a nivel psicológico y emocional. No son matronas, no ayudan físicamente durante el parto ni tienen formación médica, pero Nuria cree que una de sus principales funciones es proporcionar a la mujer toda la información que necesita y ayudarla a preparar un plan de parto. De ese modo, tanto la madre como el bebé pueden evitar procedimientos que, como la episiotomía -una incisión quirúrgica para facilitar la salida del feto-, son innecesarios en la mayoría de los casos, pero se aplican por sistema en España. "Lo último que necesitas cuando estás de parto es discutir con el médico", señala Nuria.

Alba, una madre coruñesa, trabajó con Nuria cuando nació su hija Irene hace año y medio, en un parto que recuerda como "maravilloso y muy respetado". Su doula la ayudó a sentirse "amparada, sin tener que estar pendiente de lo que me hacían". Al comparar su experiencia con la de sus conocidas, considera que, a diferencia de ellas, el proceso estuvo en sus manos: "Cuando sale el tema enseguida reconocen 'a mí me hicieron esto' o 'a mí me hicieron esto otro'. Es un momento delicadísimo en el que permites cosas que luego hacen que te lleves las manos a la cabeza".

Rosa Neira, que ahora trabaja en Santiago, acabó siendo doula después de resistirse a sus médicos. En su último mes de embarazo, se movió durante una prueba y provocó un fallo en el monitor. En el hospital querían practicarle una cesárea de inmediato y, por mucho que se explicase, la ignoraban. Al final se salió con la suya y tuvo a su hija en aguas valencianas, en el hospital Acuario. En 1994 empezó a formarse "oficialmente" en Barcelona: Cataluña es la comunidad autónoma en la que la figura de la doula está más arraigada.

Y es que, aunque lo parezca, el término doula no es gallego, sino griego, y la ocupación a la que da nombre está extendida por toda Europa y Estados Unidos, en mayor o menor medida dependiendo del país. Pese al deseo de aumentar el número de profesionales, consolidar este tipo de redes de apoyo entre mujeres parece complicado a corto plazo, ya que en general la figura de la doula no está institucionalizada y no existe una formación que se pueda considerar oficial.

Hoy por hoy hay oficialmente 65 doulas en España. Aunque, según Rosa, hay muchas personas que lo son sin saberlo, entre ellas las que colaboran con grupos de apoyo a la lactancia como Mámoa. Luzía Titán, doula en el área de Vigo y Pontevedra, coincide con ella y añade que la etiqueta de doula hace referencia a una faceta humana, no a una profesión. Asumir ese papel está "en nuestra naturaleza y en la naturaleza en general. En los partos de mamíferos es frecuente que haya una hembra al lado de la que pare", explica. Ella misma empezó a actuar como doula casi por casualidad, a petición de una chica a la que daba clases de yoga. Pasaría un tiempo hasta que descubrió que lo que hacía tenía un nombre.

Tras ese primer parto, reconoce que al principio tenía que pedir a las embarazadas que le dejasen acompañarlas, pero garantiza que ahora tiene mucha demanda. Las mujeres que se acercan a ella lo hacen no tanto con dudas y temores, sino buscando "algo más", dice Luzía. Muchas recurren a ellas al quedarse embarazadas después de un mal primer parto, y Luzía cree que la mayoría "tendrían a su segundo hijo en casa si contasen con los medios, pero la Seguridad Social no está por la labor".

Para ella, ser doula supone convertirse en "un pilar emocional que no se involucra emocionalmente" y cuya labor consiste en dar a las madres "lo que piden, no lo que creemos que necesitan". El 95% de las veces, asegura, lo que requieren es "sólo una mirada, no la epidural".

lunes, 20 de julio de 2009

Doulas, expertas en maternidad.

No son profesionales de la sanidad , pero su tarea facilita que la relación con estos sea más satisfactoria para todas las partes.

¿Desde cuándo existen en España?

La figura de la doula apareció en EE.UU. hace unos 25 años, a raíz de un estudio que demostró que las embarazadas que contaban con el apoyo de otras mujeres con unas nociones básicas sobre el nacimiento tenían menos problemas en el parto.

En España existen desde hace diez años. En poco tiempo el número ha aumentado notablemente, ya están presentes en casi todo el país y, además, su labor empieza a ser conocida y demandada.

¿Qué hacen?

  • Ayudan a las madres para que el embarazo, el parto y el posparto sean experiencias plenas, saludables, llenas de gozo y satisfacción.
  • Las cuidan para que puedan dar a luz sin miedo, amamantar sin problemas y descansar con su bebé sin sentirse culpables por no estar haciendo otras tareas.
  • Las acompañan para que la crisis vital que supone la maternidad no sea deprimente. Algunas participan en el proceso completo, pero otras se dedican únicamente al parto o al posparto. Por eso, antes de decir qué profesional nos interesa más hay que tener claro qué esperamos de ella y cuáles son nuestras necesidades reales.

Un regalo para mamá

El deseo de entender mejor los cambios propios del embarazo y el parto hace que cada vez más personas demanden la presencia y el acompañamiento de una doula ya desde el embarazo.

Y es que, contar con este apoyo es todo un regalo para la embarazada o la madre reciente. Muchas futuras mamás tienen miedos concretos, o no demasiado definidos: algunas buscan un tipo de parto en particular y necesitan que alguien les recuerde con frecuencia que son capaces de conseguir aquello que desean. La doula está ahí para ayudarles a lograrlo.

¿Cómo ayudan en el parto?

Estudios científicos demuestran que el acompañamiento de la doula facilita el proceso del parto: las contracciones duelen menos y se soportan mejor y hay menos necesidad de intervenir y de tener que utilizar fórceps o hacer una cesárea.

Para conseguirlo, la doula anima a la madre, refuerza su confianza y la ayuda a escucharse a sí misma y a elegir la mejor opción en cada momento.

Además, con todo su conocimiento logra que el parto sea menos estresante para el padre: le permite relajarse, decidir hasta qué punto quiere estar presente y le ayuda a acompañar a la parturienta de la mejor manera.

¿Y en el posparto?

Se encarga de cuidar a la madre para que pueda dedicarse en cuerpo y alma a su bebé. En los días que siguen al parto, llega a casa para asegurarse de que todo va bien y hace lo necesario para que el mundo siga funcionando mientras la mamá se dedica a su pequeño.

A veces se convierte en el paño de lágrimas y escucha a la madre que atraviesa una tormenta hormonal y emocional importante, y se asegura de conseguir que duerma lo suficiente y se alimente como es debido.

Toda una infinidad de tareas de lo más variadas con un solo objetivo: que la madre no sienta en ningún momento que no es capaz de seguir adelante.

¿Cómo convertirse en una?

No existe titulación oficial para ser doula. La mayoría son madres o mujeres que desean ayudar a otras madres y que combinan su experiencia personal con la formación adquirida en la lactancia , el parto y la psicología perinatal en distintos cursos.

Su especialidad es el respeto a la fisiología del parto y el conocimiento de las necesidades emocionales de la maternidad.

¿Cuánto cuesta su atención?

El precio varía de una doula a otra y también de unas provincias a otras. Además, no todas las doulas dan los mismos servicios (las hay de embarazo, parto y posparto, de parto y de posparto). Algunas asociaciones, como Mares Doules, sí tienen un precio unitario por algunos servicios concretos, como el de posparto (300 euros con 14 horas de visita).

lunes, 20 de abril de 2009

El posparto invisible: el trabajo de las doulas después del nacimiento.

Artículo publicado en Proyecto Materna.


Del posparto no se habla. No hablan los médicos, ni las madres, ni siquiera los investigadores ni escritores… Por lo tanto, las mujeres tampoco hablan de ello. No saben que existe hasta que se encuentran sumergidas de lleno en él, y entonces es, casi siempre, demasiado tarde para reconocerlo, para ponerle nombre, para parapetarse o para plantarle cara.

En la preparación al parto, durante el embarazo o antes de él, nos hablan de lo que acontece durante el nacimiento propiamente dicho, pero poco se comenta de lo que pasa después, cuando la mujer vuelve a casa y se enfrenta con su vida que ya no es su vida. Quizás algo sobre lactancia, tal vez algo sobre el vínculo, pero nada sobre los cambios en las propias mujeres, en sus expectativas, en sus certezas, en sus deseos.

Yo creo que la cuestión está en que en este período entran en juego aspectos absolutamente personales, recónditos, a veces ni siquiera confesados a una misma: miedo, incertidumbre, perplejidad… cuestiones con las que no habíamos pensado enfrentarnos y ni ganas que tenemos.

El resultado es que el posparto es un período oculto, oscuro, casi inexistente a nivel consciente, a nivel de conversaciones. Sin embargo, es un tsunami que nos arrastra (tanto si es placentero como si no lo es). Las mujeres viven, vivimos el posparto como un momento intenso del que nadie había hablado, del que nadie había prevenido, con el que no habían, habíamos contado.

Así, las doulas que trabajamos el posparto de manera extensa nos encontramos con la dificultad de trabajar sobre algo no escrito, no dicho, no pensado, no imaginado. Pero es que además, hay que añadir la dificultad para hablar, escribir o pensar sobre ello, ya que cada mujer vivirá el posparto de una manera absolutamente personal. No hay un manual del buen (o el mal) posparto, no existen unas necesidades básicas de la mujer en posparto (quizás a grandes rasgos podamos hablar de la necesidad de compañía, de compartir con otras puérperas o madres y el respeto a los propios instintos, pero incluso habrá mujeres que no necesiten cubrir alguno de estas premisas), simplemente existen las necesidades personales de cada mujer durante el posparto. Ni siquiera un buen parto puede augurar un buen posparto, ni un mal parto un mal posparto. Y es que el posparto no depende del parto, el posparto depende de nuestra vida. De lo que somos y dejamos de ser, de lo que creemos y no creemos, de lo que conocemos de nosotras, de los que nos rodean, y a la vez, de todo lo que desconocemos.

Es un trabajo difícil e invisible, que no se sujeta a criterios, que no se puede explicar… Es la diferencia fundamental entre las doulas de parto y las de posparto: mientras que las primeras tienen un objetivo último que es ayudar a conseguir un parto lo más respetado posible (sea vaginal, cesárea, en casa o en el hospital), las doulas de posparto tenemos que estar abiertas a cualquier aspecto que la mujer nos plantee, en ocasiones aspectos que nosotras mismas no hemos vivido o que no hemos siquiera imaginado.

Entonces, ¿qué hacemos las doulas durante el posparto? No somos ginecólogas, ni médicos de cabecera, ni psicólogas ni pediatras (parece una obviedad pero es necesario recalcarlo, entre nosotras y con las madres cuando trabajamos con ellas). ¿Qué hacemos, pues? De todo y de nada… Principalmente escuchar, servir de canal a todas las sensaciones y emociones que van surgiendo, darles validez, reconocerlas y aceptarlas, sean cuales sean. No juzgamos, aceptamos, comprendemos, acompañamos y, si nos preguntan, contestamos con sinceridad.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Las rabietas infantiles... o cómo comprender lo incomprensible

Artículo publicado en el nº 1 de la revista "CRIAR"

Todos hemos oído hablar de las rabietas. Hablamos de ellas con total normalidad, como algo completamente integrado en nuestro día a día, y los que somos padres nos preguntamos unos a otros con naturalidad “¿tu hijo ya ha empezado con las rabietas?” como cuando preguntamos si les han salido los dientes o si ya sabe ir en bicicleta.

Ahora bien… ¿qué es una rabieta? Rabieta viene de rabia… para mí una rabieta es una demostración explícita y explosiva (con rabia, con ira) de un malestar, de un desacuerdo, sea éste importante o no a ojos de quien contempla el cuadro. Y rabietas las tenemos todos, niños y adultos. Lo que ocurre es que a medida que nos vamos haciendo mayores vamos aprendiendo a canalizar la rabia y los enfados, vamos comprendiendo más nuestro entorno y el por qué a veces las cosas no son como esperamos, y sobre todo… aprendemos a no demostrar muchas de las cosas que sentimos porque parece ser que no está bien visto.

Pero ¿cuándo se produce una rabieta y por qué? Es una rabieta esa escena en una tienda de un niño gritándonos enfadado que quiere ese juguete, lo quiere, lo quiere y lo quiere; o el otro que se tira al suelo porque no quiere irse del parque; o la niña que da patadas al aire mientras grita “No te quiero”; o la que tira al suelo a manotazos un puzzle a medio montar. Pero también tiene una rabieta ese adulto que pega un puñetazo en la mesa mientras habla con el asesor técnico de su compañía telefónica, o el conductor que le grita y le da bocinazos al de delante porque no va más rápido. En realidad, se producen las rabietas fundamentalmente cuando nuestro enfado o nuestro malestar no encuentra una salida lógica. Cuando nos quedamos sin argumentos, cuando nuestra rabia es tan grande que sólo nos queda abrir la válvula de escape. En los adultos pasa menos porque, como ya he dicho, somos capaces de comprender mejor las cosas que van pasando a nuestro alrededor, de otorgarles una explicación y tenemos mayor capacidad de espera. Pero en los niños no ocurren estas cosas, y aun en el caso de que comprendan, de que entiendan que tienen que esperar, que hay que ir a casa porque hay que cenar, que se den cuenta de que el puzzle no tiene la culpa de que ellos no encuentren la pieza correcta, aun en esos casos, los niños no saben “aguantarse” la rabia. La rabieta es la expresión de sus sentimientos, de la frustración que están sintiendo en ese momento porque no pueden obtener aquello que desean… y es legítimo que lo expresen. No podemos pretender que, además de amoldarse a nuestras necesidades, ritmos y tiempos, además de intentar aprehender conceptos como el tiempo y la generosidad, se queden callados, tendremos que aceptar que lo único que les queda, en muchas ocasiones, es “el derecho al pataleo”, en su más gráfica acepción.

En general, coincido con Aletha Solter en que la mayor parte de las situaciones que provocan esas rabietas en nuestros hijos se pueden agrupar en tres tipos:

  • El niño tiene una necesidad básica (hambre, sed, sueño…) que o bien no estamos viendo o bien, aunque la veamos, no podemos satisfacer en este momento. Imaginemos a un niño de 3 años con hambre, en coche, camino a casa y en un atasco… aunque sepamos que tiene hambre y lo comprendamos, probablemente no podamos solucionar el problema; lo más habitual será una rabieta por parte del niño… ¿qué haremos? ¿reñirle por tener hambre? ¿reñirle porque llora? ¿gritarle?… nada de lo que hagamos le saciará el hambre).
  • El niño tiene información insuficiente o equivocada de la situación en la que nos encontramos. O bien pensaba que íbamos a quedarnos más rato en el parque, o no comprende por qué hoy, precisamente hoy, tenemos prisa en el súper con lo mucho que le gusta a él jugar en el carrito, o quizás él quería comprar cereales y nosotros sólo hemos entrado a por detergente. Pararnos a escuchar qué es lo que quiere o necesita (quizás sea cierto que se han acabado los cereales), así como explicarle con antelación que hoy vamos corriendo porque tenemos médico, o peluquería, o enseñarle un reloj y explicarle a qué hora dejaremos el parque puede ahorrarnos un mal rato a los dos.
  • El niño necesita descargar o liberar tensiones, miedos o frustraciones presentes o pasadas. Muchas veces los niños “aprovechan” cualquier mínimo detalle para entrar en una rabieta. Puede ser que estén enfadados o angustiados por cualquier otra cosa y la situación actual sólo sirva de detonante. Tal vez algo que ocurrió en la escuela, donde no se siente tan seguro como en casa, no sale hasta que está con nosotros, en confianza absoluta. En este caso, al igual que en los anteriores, cortar la expresión de rabia no va a hacer más que aumentar el malestar y dilatar en el tiempo la descarga.

Así, desde este punto de vista, no encuentro demasiadas situaciones “enrabietadas” que me parezcan dignas de reproche. Son, sencillamente, señales de alarma. Oportunidades. Para nosotros. Para intentar comprender qué nos está pidiendo nuestro hijo. Para saber si necesita algo de nosotros, tal vez algo material, pero quizás sólo una explicación para que el mundo tenga un poco más de sentido. Quizás, tal vez, sólo un poco más de tiempo con nosotros, o de tiempo a secas.

Así que, ante la pregunta de qué hacer cuando un niño tiene una rabieta, mi respuesta suele ser: nada. Es decir, comprender que es una demostración de lo que está sintiendo, y que por mucho que hagamos, no va a dejar de sentir. Podemos ignorarlo, reñirle, gritarle o castigarlo, y probablemente consigamos que no tenga rabietas, o que las tenga menos frecuentemente, o que las tenga menos vehementes, pero no conseguiremos que deje de sentirse mal por lo que está ocurriendo. Y conseguiremos, además, que se sienta culpable por sentirlo, cuando es absolutamente razonable que a veces se sienta disgustado. Así, ante un episodio como los que he descrito anteriormente, o cualquier otro similar, lo mejor que podemos hacer es esperar que pase, hablar con nuestro hijo si nos deja, decirle que entendemos que se siente mal por esta o aquélla razón, dar alternativas si existen, cogerle en brazos o sentarnos a su altura y aceptar el dolor que nos está mostrando. Al fin y al cabo, está siendo absolutamente sincero con nosotros, nos está confiando sus sentimientos y sus emociones, y no podemos hacer menos que aceptarlos. Ponernos de su parte, sufrir con ellos la frustración, ser realmente sus cómplices en un momento amargo será la mejor manera de que vayan comprendiendo el mundo, y lo harán con confianza plena en nosotros, que creceremos también si aprovechamos la oportunidad para profundizar en la comunicación con nuestros hijos.


miércoles, 20 de agosto de 2008

CONOCER A NURIA OTERO. Lactamor.

Mis compañeras de Lactamor estuvieron conmigo pasando una gran jornada... y ésto es lo que escribieron después. Gracias a Clara, Silvia y Begoña!

Conocer a Nuria Otero

“El puerperio es una apertura del alma. Un abismo. Una iniciación si estamos dispuestas a sumergirnos en las aguas de nuestro yo desconocido”.
Laura Gutman


“La lactancia conlleva una forma de vivir la maternidad . La naturaleza es sabia y establecer una buena lactancia a demanda supone estar en contacto continuo con el bebé, significa vivirse en fusión día y noche, dejar de ser una persona independiente y activa y convertirse en madre apegada a un bebé, el cual tiene su ritmo particular, su indiosincrasia como persona … Es como estar unidos por un nuevo cordón umbilical, esta vez invisible y blanco, pero casi tangible por la necesidad de estar en contacto con este nuevo ser que habita en el cuerpo pequeño de tu hij@.


A veces puede resultar duro, en este mundo de prisas, relojes y actividades continuas, simplemente estar con un bebé, adaptarse a unos ritmos lentos, pausados, conectados con la vida. Pero la sensación de notar su cuerpecito piel con piel suave, caliente, pequeño, bien pegadito, la maravillosa sensación de notar la leche fluir, esa emoción intensa de enamoramiento que viene con la leche y la ternura de ver al bebé… es tan poderosa que hace que nos podamos sumergir en esta locura tan femenina del puerperio con una fuerza especial, con la confianza en nuestro cuerpo, con el orgullo de ver crecer al bebé, alimentado sólo con nuestra leche, tan sano, tan alegre, tan vital.”
Isa
http://reddemar.blogspot.com/



¿QUIEN ES NURIA OTERO?

Nuria Otero es pedagoga, orientadora familiar y doula. En nuestra web hemos colgado algunos de sus artículos sobre temas de crianza. Es fundadora, junto con Susana Prieto Mori ( doula) de Proyecto Materna (www.proyectomaterna.es), un espacio en el que reflexionar sobre la maternidad en todos sus ámbitos: embarazo, parto, puerperio, lactancia, crianza, educación.
Imparte talleres de preparación emocional al post-parto en Coruña, allí nos fuimos buscando aprender un poco más de ese periodo tan desconocido que es el puerperio, buscando el poder ayudar a otras madres a entender ese marasmo de sentimientos que supone una maternidad recién estrenada. Un periodo para descubrirse a una misma y descubrir la falacia de la sociedad que nos rodea. Un periodo en que hay que ser muy valiente y firme para no dejarse llevar por la esclavitud de los convencionalismos sociales en torno a la crianza, todo el mundo sabe más que la nueva mamá sobre crianza, todo el mundo la cuestiona, todo el mundo opina sobre la lactancia, sobre el sueño del bebé, sobre sus necesidades, pocas veces entendidas. Desde LACTAMOR intentamos apoyar a la nueva madre, informarla, darle la seguridad de que nadie mejor que ella sabrá atender las necesidades de su hijo, es sólo cuestión de escuchar a su bebé y dejarse guiar por su instinto y sus sentimientos, algo tan sencillo que se vuelve sumamente complicado a veces…….muchas veces.
Resumir todo lo aprendido es difícil, cada una de nosotras se ha dejado llevar por lo vivido aquel día, por nuestra propia experiencia del post-parto, así lo hemos sentido y así lo hemos escrito, únicamente queriendo dejar abierta una puerta para que cada madre salga y explore y busque, dentro y fuera de sí misma.

NURIA OTERO, por Silvia:

Hace poco acudimos a un curso de atención emocional al posparto, impartido por Nuria Otero, doula, psicopedagoga y madre, en Coruña. Madrugamos bastante y además no habíamos dormido mucho por lo que nos temíamos pasar un día de curso complicadillo. Nada más lejos de la realidad, la constante interacción, el fluir de información, la cascada de experiencias transmitidas resultó ser muy gratificante…Mi hijo tiene ya 5 añitos y tengo algo lejano el periodo del puerperio, así que el poder reconocer de nuevo esas vivencias me supuso un reencuentro con mis emociones vividas, una oportunidad de observar desde la distancia el efecto que ese periodo dejó en mí. Del aprendizaje sobre mi misma, de mi ganancia en tolerancia, en paciencia, de mi coraje descubierto, de la autoestima recuperada, de la madurez…Una de esas jornadas que sirven de remanso en el camino para retejer urdimbres y refrescar en las aguas de la maternidad, vivida por las mujeres salvajes…La constatación emocionante de ver como podríamos cambiarlo todo si nos diéramos la oportunidad de vivir en plenitud…Y también de lo importante que es para las madres ser conscientes del periodo de apertura que supone el puerperio, del nacimiento que supone a una nueva realidad. Conscientes a su vez, para poder aprovechar esa tempestad sin zozobrar, disfrutándola incluso.
De Nuria me llevo su presencia, fuerte y sus vivencias de maternidad, que intuyo fueron de cambio y se ven a flor de su piel. De Inés su belleza celta y serena y el deseo de que ya sepa como disfrutar de su maternidad desde ahora y pueda aprovechar nuestras vivencias para hacerlo de una manera consciente y plena. De mis amigas Clara y Begoña, pues el rato que pudimos aprovechar para charlar por el camino, sobre todo, como no…de nuestros niños.

NURIA OTERO, por Begoña:

Hace mas de un mes que junto con Clara y Silvia acudí a un taller sobre preparación emocional al posparto, solo el hecho de compartir el día con ellas hacia de este algo especial, como especial fue conocer a Nuria Otero que fue quien nos impartió el curso y a Inés una futura mama con ansias de saber. Tanto Nuria como Inés, las dos embarazadas, con sus barrigas prominentes, me hicieron recordar mis partos y puerperios que con mayor o menor fortuna, ya pasaron, pero de los que guardo un recuerdo imborrable. Me hubiera gustado mucho contar con una persona como Nuria en esos momentos, te transmite esa tranquilidad y ese saber estar que tienen las personas que poseen el don de comunicar no solo con sus palabras sino con su cuerpo.
Me alegro mucho de haber compartido con todas ellas esas horas de confidencias, de nuestras experiencias, creo que todas habremos sacado algo positivo de ellas.

NURIA OTERO, por Clara:

El sábado 28 de junio salimos temprano de casa camino de La Coruña, aunque hubo que madrugar, fue muy gratificante compartir con mis amigas charlas y risas durante el viaje. Conocimos a Nuria Otero, pedagoga, orientadora familiar y doula, pero como todas nosotras, ante todo MADRE. Compartimos con ella el Taller de Preparación emocional al post-parto, junto con nosotras, Inés, una futura mamá en busca de conocimientos sobre el puerperio.
Sospechaba que Nuria me iba a gustar y claro que me gustó, Nuria es agradable, suave, dulce y a la vez tiene fuerza en sus palabras, hay algo en todas las mujeres en constante búsqueda del conocimiento hacia la maternidad que me fascina y siempre quiero aprender más y más de ellas. Mucho de lo hablado ya era conocido para mí, pero tenía la necesidad de no sólo escuchar lo que Nuria contaba sino de disfrutar de cómo lo contaba, lo más importante es la manera de comunicar, al final pasa el tiempo y te quedas con las anécdotas, los gestos, las expresiones de esa persona, lo que dice se te va desdibujando en el tiempo pero te queda su esencia, el camino iniciado para continuar la búsqueda.
Ella habló, nosotras hablamos, intercambiamos experiencias y vivencias personales de nuestro parto, puerperio, lactancia, ahondamos en ese periodo desconocido y poco tenido en cuenta que es el post-parto con sus luces y sus sombras, ese periodo que para muchas mujeres es un encuentro, a veces el primero de su vida consigo misma, es como si todo hasta entonces fuese mentira y de repente o bien se queda una en el fondo del pozo o bien emerge con más fuerza y más valor que nunca ante la vida.
Que suerte para Inés haber ahondado en el tema antes de ser madre, bueno, suerte no, ella ha buscado y ha encontrado, quería aprender, prepararse para esa nueva fase de su vida. Nuria y nosotras tres ya somos madres, Inés, embarazada, preguntaba pero sobre todo escuchaba, espero que para ella el encuentro haya sido tan interesante como para mí.
Es reconfortante saber que hay muchas madres, cada vez más que quieren tomar las riendas de su maternidad, de vivirla de forma consciente, que buscan un parto seguro y respetado, que quieren disfrutar de su lactancia más allá de los tiempos establecidos por la sociedad, que no se dejan llevar como robots por los convencionalismos y por el
“hay que hacerlo así”. Hubo un tiempo en que me sentí distinta, loca, a veces objeto de crítica…..amamantar, colechar, respetar al bebé…….no me importó demasiado, la familia siempre estuvo de mi lado, imprescindible para sobrevivir, fueron apareciendo madres, amigas ya conocidas algunas, otras nuevas, nos fue uniendo la lactancia y por ahí vino el resto, el deseo de vivir en armonía la crianza, el valorar y respetar a nuestros hijos como el futuro que representan.
Intentaremos transmitir a otras madres todo lo aprendido.
Me quedo con la imagen de Inés y de Nuria, embarazadas las dos, ¡que guapas!, rubia y delicadamente pecosa la primera, morena la segunda,con un precioso llamador de ángeles al cuello…………..




“Habían descubierto la comunicación profunda que sólo consiguen aquellos que tienen el coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar…”

Jorge Bucay “ Cuentos para pensar”

GRACIAS NURIA POR TU SABIDURÍA TAN NECESARIA PARA VIVIR UNA MATERNIDAD CONSCIENTE.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Control de esfínteres: una cuestión madurativa.

Exposición Oral. Mesa redonda organizada por la Asociación Criar con el Corazón en Pinto (Madrid). Diciembre de 2007.

Vamos a hablar de control de esfínteres. No de retirada de pañal. El pañal no deberíamos retirarlo si antes no existe control de esfínteres… y sin embargo, solemos hacerlo al revés, como si creyésemos que quitando el soporte se logra antes la maduración de una función corporal. Vamos a verlo más claro en un ejemplo de otra función madurativa:

Un bebé de 13 meses que va en brazos de su madre, en su bandolera o en su carro… es igual dónde. No sabe andar, pero todas hemos escuchado que “aproximadamente entre los 12 y los 15 meses los niños empiezan a andar”. Bien, pues al bebé de nuestro ejemplo, como no da señales de aprender por sí mismo le vamos a dejar en el suelo y a partir de ahora no le vamos a coger, ni llevar de un lado a otro… así aprende a andar. ¿Absurdo? Pues es lo que hacemos cuando le quitamos el pañal a un niño… intentar que aprenda a andar a base de sacarle el soporte con el que lo acompañamos de un lado a otro.

Y precisamente como se trata de un proceso madurativo, no sólo no podemos hacer mucho por acelerarlo sino que además debemos admitir que es difícil que ocurra de un día para el otro. Aunque sí hay niños que un día deciden dejar el pañal y realmente nunca tienen un escape, lo habitual es que el control de esfínteres sea un complejo proceso de “ensayo y error”. Igual que sucede con otro proceso madurativo: el habla. Aunque los niños empiezan a comunicarse pronto, nadie pretende que un buen día, cuando empiezan a hablar, lo hagan con la corrección de un adulto tanto fonética como gramaticalmente, permitimos que tengan “lengua de trapo”, incluso nos hace gracia, y hasta hay quien les imita y se comunica con ellos en un lenguaje similar al suyo (mira, hijo, un “babau”, aquí viene la “lela” y cosas por el estilo). Sin embargo, en cuanto al control de la orina y las heces, no admitimos un solo “fallo”. No se trata de ponernos a hacer pis en los pantalones igual que ellos para acompañarlos, sino aceptar que, de manera natural, están aprendiendo (en gerundio), es decir, lo van haciendo poco a poco y no en el momento en que nosotros decidimos que hay que retirar el pañal.

Prueba de que se va produciendo poco a poco es que muchos niños (no voy a decir todos porque a algunos no les pasa, pero sí a la mayoría), aunque normalmente no tengan escapes, aunque siempre pidan pis y caca, tanto de día como de noche, de repente un día, se les olvida y tienen un escape, o se ponen nerviosos y tienen un escape, o les da la risa, o se meten tanto en una actividad que se les olvida… ¿a vosotros os pasa? ¿Nunca? ¿Ni cuando os reís mucho? Pues será porque en vosotros sí está adquirida la función, el proceso ha madurado completamente… pero en los niños no, va sucediendo poco a poco, y estos escapes son cada vez menos frecuentes hasta que, finalmente, alrededor de los 6 años, dejan, sencillamente, de ocurrir.

Desde este supuesto, es decir, si consideramos el control de esfínteres como un proceso madurativo, no nos puede extrañar ni molestar que nuestro hijo, un día, vuelva a pedir o a necesitar los pañales. Puede que durante unas semanas haya ido al baño o utilizado el orinal sin problemas, pero por la causa que sea de repente puede volver a haber escapes importantes, y nuestro hijo puede pedir el pañal porque no se siente a gusto mojado, o bien podemos sugerir nosotros la posibilidad de volver a usarlo. No es un retroceso, es un estadio normal del desarrollo, que dará a nuestro hijo más confianza, tanto en sí mismo como en nosotros. En sí mismo, porque será capaz de tener controlado un aspecto que suele plantearse como problemático en muchas situaciones… en nosotros, porque verá que le aceptamos sea lo que sea que decida hacer con su cuerpo y sus funciones.

INCONVENIENTES DE RETIRAR EL PAÑAL ANTES DE QUE EL CONTROL ESTÉ INSTAURADO

Pérdida de confianza del niño en sí mismo: Si le decimos que a partir de un momento es mayor para controlar esfínteres, y decidimos unilateralmente retirar el pañal, le estamos comunicando a nuestro hijo que, tal como hace las cosas, ya no es correcto hacerlas, y si tomamos una decisión que le afecta de una manera tan absoluta, debe ser por algo que está haciendo mal, o al menos, de un modo que a nosotros no nos complace. Eso mina la seguridad que el niño tiene en sí mismo, pero a la vez, la confianza inmensa que tiene en nosotros, la confianza de que le amamos tal cual es, con sus medias palabras, con sus saltos torpes y con sus pañales.

Logística de limpieza y cambio de ropa: Quizás suene absurdo, pero retirar el pañal antes de tiempo, requiere un fondo de armario considerable, además de salir de casa con mudas de todos los accesorios de cintura para abajo. Además, requiere una fregona a mano y lista en todo momento y montoncitos de ropa mojada por toda la casa… ¿de verdad creéis que nuestros hijos se sienten a gusto?

El idioma pis: Retirar el pañal supone establecer lo que Laura Gutman llama el “idioma pis”… desde que nos preparamos para salir empezamos a preguntar obsesivamente: “¿quieres hacer pis?, ¿has hecho pis?, ¿de verdad que no? ¿Y caca, este niño ha hecho hoy caca?” y luego, cada diez minutos, estemos donde estemos, delante de quien estemos, lo preguntamos sin descanso, incluso nos atrevemos a llevar a nuestros hijos contra su voluntad al servicio de diversos bares y restaurantes “a ver si sale”.

PAÑAL NOCTURNO

Parece que existe unanimidad en el hecho de que una vez retirado el pañal diurno, el pañal nocturno debe ir detrás en pocos días. Ni sí ni no… dependerá, como con el pañal diurno, de vuestro hijo, de si amanece o no con el pañal mojado y, por supuesto, de si quiere hacerlo. No pasa nada porque un niño se pase meses, o incluso años, usando pañal nocturno aunque haya dejado ya el diurno… es un control más difícil sencillamente porque el niño está completamente relajado, no está pendiente de sus posibles escapes, y como está aprendiendo, simplemente sucede.

¿POR QUÉ NOS EMPEÑAMOS EN ADELANTAR EL PROCESO?

No tengo ni idea de por qué lo hacían en otras épocas, pero hoy en día, la “culpa” de todo esto la tiene, principalmente, el cole. Si los niños van a la guardería, en muchas de ellas, el último año ya se organizan rondas de orinal para que se vayan acostumbrando… y si no van a la guardería, sus madres nos cuidamos mucho de, a partir de la última primavera previa al cole, ir retirando el pañal. Sencillamente porque, en la grandísima mayoría de los coles españoles, un niño con pañal no es admitido y, en el mejor de los casos, será admitido sin pañal pero sus padres tendrán que ir a cambiarlo cada vez que haya un “accidente”. Y muchas familias, simplemente no pueden permitirse dejar el trabajo, que puede no quedar en la misma ciudad, e ir al colegio una o dos veces por mañana, ni siquiera aunque esto no ocurra todos los días. Si la educación infantil comenzase a los 4 años muchas familias se quitarían de encima el problema del control de esfínteres… sucedería por sí solo en la gran mayoría de los casos en algún momento antes de la entrada en el cole.

Y otro de los motivos que existen para este empeño en “hacer algo” en vez de esperar que la naturaleza siga su curso la tiene la cultura de la competitividad y la eficiencia, el rollo mi hijo ya hace tal o cual, que no se diga que mi hijo se queda retrasado, pues el niño de fulanita ya no lleva pañal, la tremenda presión social que representa el que TODOS se quiten el pañal, el presumir del hijo más listo y más independiente.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA AYUDAR A NUESTROS HIJOS CON EL CONTROL DE ESFÍNTERES?

Llegados a este punto, sí hay una cosa que podemos hacer: respetarles en el ritmo y en la manera que el proceso se dé en nuestros hijos. Aceptarles tal como son, con pañal o sin él, mojados o secos, sin valorar ni juzgar si es tarde, pronto, oportuno o no quitarse o ponerse el pañal… sea lo que sea lo que nuestro hijo decida.

Sin embargo, si pese a todo lo dicho, existe alguna exigencia real que no podemos “saltarnos”, si en el cole no admiten a nuestro hijo con pañal y tiene que ir sí o sí porque nosotros trabajamos, y tampoco lo admiten con pérdidas ni nosotros queremos o podemos trasladarnos al cole a diario para cambiarlo y nadie va a hacerlo por nosotros, sólo os puedo dar una indicación: flexibilidad. Si vamos a retirar el pañal en algún momento y nuestro hijo no lo ha pedido, que haya tiempo suficiente para poder volver atrás todas las veces que lo creamos necesario, podemos tener varios orinales repartidos por la casa para no tener que salir corriendo al baño, podemos sacar el pañal unos días sí y otros no, a unas horas sí y a otras no, y éstas no tienen que ser siempre las mismas, se puede sacar el pañal en casa pero ponerlo al salir de casa, que es más engorroso para todos, y si vemos que es demasiado… dejarlo unos días o unas semanas y volver a intentarlo un poco después. Y siempre, aceptar que puede pasar tiempo hasta que se produzca el control, y por ello, seguir respetando lo que vaya sucediendo y los sentimientos que en nuestro vayan surgiendo.

Historia de Marta

“Llegó el verano del 2005… La espada de Damocles pendía implacable sobre Hadrián, que cumplía tres añitos en Agosto. Durante todo el curso, en las reuniones de padres en la escuela infantil se había insistido, había que quitarles el pañal ese año. Las tutoras de la guardería irían organizándolos, con ayuda de los padres, en pequeños grupos, según fuesen viendo el grado de maduración, el grado de interés por el asunto, y, lo que era evidente, el grado de prisa/presión de los propios padres.

Por mi parte, me pasé el año en blanco, es decir, ni comenté el tema con la tutora, ni le ví el más mínimo interés en ir al baño por sí solo.

Así las cosas, con el verano, y aumentado el asunto con la presión familiar, y la inminente incorporación al cole de mayores, dónde no les dejarían ir sino controlaban esfínteres, me ví avocada a ser radical. Aquellos negros años en los que aún no me ponía lo suficiente al lado de mis peques…

Un Lunes, la propia tutora me abordó… es que Hadrián es el último que queda de su clase, con pañal. Tenemos que ponernos a ello ya. Bueno, si tu lo dicesssss…
Mudas de sobra, y ninguna señal de cambio. Invariablemente todos los días, se meaba y se cagaba por encima sin complejos. Evidentemente, no era su momento.
Empezó el estress exterior, los dramas en la familia si mojaba el pantalón, los aspavientos paternos si se manchaba de caca, en una palabra, la tensión.
Yo intentaba que se esforzasen en lo contrario, en animarle cada vez, que por casualidad y machaconería, le salía un pis o una caca en el váter. Pero el entorno no ayudaba nada en este aspecto.

Sinceramente, no puedo pensar en nada más desesperante que el intento de que orines y defeques “por hábito impuesto por los otros” a unas determinadas horas, y a Hadri se lo hacían… en fín.

Hay que reconocer que al final del verano, no sé si por aburrimiento del tema o por propia voluntad, mejoró ostensiblemente. Pero toda esta mejora, se vino abajo con la tremenda crisis de su adaptación al cole de mayores. Si quería que nos diésemos cuenta que estaba desesperado, no podía expresarlo mejor. Se meaba y se cagaba por encima a todas horas.

Hadri ahora tiene 5 años, y no puedo decir que controle esfínteres al cien por cien, es más, en cuánto hay una situación de estress, es el primer síntoma, se mea por encima. Afortunadamente, la caca, sí la controla, a menos que esté malito de la tripa. Y por las noches, sigue pidiendo el pañal (esto sí se lo concedimos, evidente, no afecta a sus “relaciones sociales” sino estrictamente al ámbito doméstico).

Con la lección bien aprendida, nuestra segunda hija, en idéntica aula e idéntica escuela infantil, llegó al siguiente año. Yo ya era madre radical de mis hijos. Si tiene que ir con braga-pañal al cole de mayores, y tengo que dejar la oficina día sí y día también para ir a buscarla porque se mee o se cague… lo haré…

Afortunadamente, no hizo falta. Antes del verano, ella misma, supongo que por ver a otros niños, llegó un día a casa, y me dijo directamente, mamá, no quiero más pañal. Así se hizo, y desde ese día nunca volvió a mearse. La caca le costó un poco más, pero lo llevó estupendamente. Si se cagaba, venía, decía mamá me hice caca, ¿me limpias?, mañana ya no se me escapará, y tan ancha.

Lidia tiene ahora 4 años y controla esfínteres al 100%, incluso de noche.

Vistos estos dos ejemplos, y sabiendo que cada niño es distinto y tiene un proceso madurativo distinto, yo no tengo dudas de ningún tipo. Siempre el respeto a sus ritmos, y cuándo ellos quieran. Convencionalismos sociales y ritmos impuestos adultos, ¡¡fuera!!”

Historia de Pilar

“Debo reconoceros que el tema me traía de cabeza pese a todo lo que había aprendido y escuchado o leído tantas veces. Manuel a sus tres años y medio, largos, no presentaba el más mínimo síntoma de estar preparado, es más, se negaba rotundamente a andar sin pañal y a acercarse al inodoro o al orinal.

Mil veces me he cuestionado si no estaría metiendo la pata, si en mi creencia de que llegaría de forma natural, no habría dejado pasar el momento debido y había condenado a mi peque a un problema de difícil solución. A finales de Julio una tarde se me ocurrió dejarle sin pañal y todo lo que conseguí fue dos mudas de ropa mojada en la lavadora en menos de hora y media.

Aparte del miedo de haberme despistado, sentía su incorporación al cole como una losa, casi no he podido preocuparme de si lo llevará bien o mal porque todo hacía pensar que habría que retrasar su ingreso por el nulo control con el que llegaría a esas fechas.

Ahora puedo confirmaros que es lo que es, lo que siempre decimos, que llega y llega solo, sin intervención. Que cada niño es un mundo (Miguel Ángel empezó a pedirlo con dos años y poco y Manuel ha esperado hasta los 3 y mucho), pero que llega.

Creo que algo que sí entorpece la percepción que ellos mismos necesitan tener de su cuerpo para controlarlo y realizar su propio aprendizaje, es el pañal. Sí que conviene aprovechar todos los momentos posibles para mantenerlos desnudos, que puedan ser conscientes de que eso que les ponemos desde que nacen, esos incómodos paquetones absorbetodo, no forma parte de ellos. Lo demás, os lo prometo, es como un milagro, ocurre de un momento a otro y no hay más, no hay escapes, no hay que ponerles cada x tiempo, no hay que insistir… ¡de una sola vez!. Puedo decirlo porque ya van dos veces que lo vivo y porque esta vez, pese a las muchas dudas que he llegado a albergar, ha vuelto a ocurrir, ¡ni moja los pañales de la noche!”

viernes, 20 de abril de 2007

Las niñas ya no quieren ser princesas

Artículo publicado en Proyecto Materna.

Las niñas ya no quieren ser princesas
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra;
pongamos que hablo de Madrid

J. Sabina

Podríamos hablar también de La Habana, de Nueva York, de Buenos Aires o de La Coruña. Los jóvenes han perdido sus valores, sentenciamos tanto los profesionales como la portera, sin saber muy bien a qué hacemos referencia con dicha expresión, ni tampoco si será cierta. A la vez, sin definir exactamente qué entendemos por valores, aducimos que el problema fundamental es la falta de límites, que hemos creado una generación que ha obtenido todo lo que ha querido sin conocer ni una sola frustración, sin haber aprendido lo que es el respeto y sin haber recibido un “no” a tiempo.

Discrepamos profundamente. Frente a todo lo que los maestros, pedagogos, pediatras y vecindario en general creen y promulgan, opinamos que la actual generación de jóvenes es quizás la más frustrada de la historia, emocionalmente hablando. Estos adolescentes de los que hablamos han recibido muchos juguetes por Reyes y comuniones, han ido a más clases particulares, de refuerzo y extraescolares que ninguna de las precedentes, han comido bollos, golosinas, pizzas y hamburguesas jamás soñadas por sus padres y mucho menos por sus abuelos. Pero han sido víctimas de una metodología absolutamente conductista que ha olvidado los efectos a largo plazo en aras de los resultados inmediatamente mensurables. Son aquellos a los que “hemos enseñado” a tolerar la frustración, son los que lloraron incansables porque les dejábamos en la guardería, son los que “aprendieron” a compartir porque los adultos lo decían, aunque no lo hacían, son los que tuvieron voz en las reuniones familiares, pero carecieron de voto, son los que tuvieron música y libros y juguetes educativos pero nadie que jugara con ellos, son los de la “tele”, la “play” y el “móvil”, trastos que aprendieron a usar por sí mismos y que nadie se preocupó en compartir o enseñar o explicar, son los de las “asignaturas transversales” que todos, hasta los profesores, consideran “marías”; en fin, son los que recibieron, al nacer, un maravilloso libro de instrucciones sobre cómo comportarse, pero los que menos han visto a sus padres y a sus abuelos, los que menos han jugado a la pelota en la calle, los que no han dormido con la abuela, ni con los hermanos, los que tuvieron lactancia pautada cada tres horas para que no se “malcriaran”, los que comieron verduras cada jueves porque tocaba (aunque mamá comiese macarrones porque el brócoli no le gusta), los que se durmieron llorando sin consuelo porque nacieron tomándonos el pelo, los que fueron a la escuela a edad más temprana, y a la guardería para socializarse. Eso es lo que ocurre, que nuestros hijos están mal criados, no malcriados.